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Opinión | AMLO quiere minimizar las revelaciones de Guacamaya, pero son gravísimas – The Washington Post

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha intentado minimizar el hackeo masivo a la Secretaría de la Defensa Nacional por parte de los hacktivistas Guacamaya, que expuso miles de documentos confidenciales y arrojó luz sobre actividades que el gobierno había querido esconder.
Desde que dimos a conocer este hecho, hace casi un mes, el mandatario no ha aceptado la gravedad de la vulneración histórica: dice que el hackeo no expuso nada grave, que no es noticia, que ya a nadie le importa… pero sigue teniendo que hablar casi todos los días del asunto, porque regularmente hay una nueva revelación que deja en entredicho a su administración.
Hay más de seis terabytes hackeados y el cúmulo de documentos que han sido expuestos hasta ahora han evidenciado cosas gravísimas. La primera es la alianza del crimen organizado con el régimen de AMLO. El ejemplo más contundente son los informes de inteligencia del Ejército que señalan que, durante la gestión de Adán Augusto López como gobernador de Tabasco, el hoy secretario de Gobernación y aspirante a la presidencia, entregó el control de los órganos de seguridad pública al Cártel Jalisco Nueva Generación. La información no proviene de una investigación periodística, una denuncia de un partido de oposición ni de una organización no gubernamental: es el Ejército implicando con el narco al número dos del gobierno federal mexicano.
La segunda es que en México el presidente está al servicio del Ejército, no al revés. Lo que los militares analizan, diagnostican y plantean es lo que AMLO ofrece como sus propias opiniones y rutas de solución a los problemas. El presidente queda como una mera correa de transmisión de los intereses militares.
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La publicación de la información confidencial ha ido desmontando una a una las frases más emblemáticas del presidente. Su gobierno se ha construido sobre su gran capacidad de popularizar lemas pegajosos detrás de los que esconde sus errores y fracasos: mantras que repite incesantemente para tratar de dominar la narrativa política y tratar de hacerlas pasar por verdades.
AMLO dice que el lema de su gobierno es “no mentir, no robar y no traicionar”. Los Guacamaya Leaks evidenciaron que el presidente mintió sobre su estado de salud: escondió hospitalizaciones de emergencia y las disfrazó de chequeos de rutina. Y sobre la terminación en las obras del Tren Maya, una de las obras icónicas de su gobierno: en los informes del Ejército se señala que es muy complicado que sea concluida a tiempo.
AMLO ha dicho que el nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles es el mejor de América Latina. Pero en los documentos filtrados se reconoce que opera con pérdidas multimillonarias y que solicitó un subsidio de 2,600 millones de pesos (130 millones de dólares) para operar en 2023. En otro informe se afirma que el nuevo aeropuerto de Tulum no será atractivo para turistas y aerolíneas si no hay más hoteles en la zona, lo cual contradice la narrativa oficial.
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Las filtraciones también contradicen al presidente sobre no robar: el Ejército revisó el proceso de construcción de 17 sucursales del Banco del Bienestar, nada más en la Ciudad de México, y detectó irregularidades por casi 20 millones de pesos. Es decir: sí mienten, sí roban y sí traicionan.
A López Obrador le gusta repetir “no somos tapadera de nadie”. Pero los documentos revelan nexos de Adán Augusto López, funcionarios de la empresa Pemex y miembros de la Guardia Nacional con una red de traficantes de combustible robado. Además, el Ejército señala a gobiernos estatales y municipales de Morena vinculados con el narcotráfico. No ha habido una sola renuncia tras las revelaciones y el presidente ha salido a defender al secretario de Gobernación. Así que sí es tapadera.
El presidente insiste en señalar que su gobierno “no espía a nadie”. Pero el Ejército espió a grupos feministas, activistas y hasta universidades. A las colectivas feministas, que irrumpieron hace unos años con gran poder y legitimidad en la escena nacional, las catalogó como una organización de “amenaza media-alta”, incluso mayor que la red terrorista Al Qaeda. Hay “seguimientos” también a embajadores, legisladores y gobernadores. Y paralelamente se supo que contrataron el software espía Pegasus para ingresar a los teléfonos celulares de periodistas y activistas.
Cuando el presidente dice “no somos como los de antes” es para intentar diferenciarse del abuso del poder en sexenios pasados. Pero los documentos revelaron que a su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, una patrulla costera de la Marina la cuidó mientras realizaba actividades acuáticas recreativas durante unas vacaciones que pasó en un hotel de Grupo Vidanta, cuyo dueño es amigo del presidente. También mostraron los tratos especiales del Ejército que han recibido legisladores y dirigentes del partido oficialista Morena; los 18 militares que tiene como escoltas el director de Pemex, Octavio Romero; y cómo el Hospital Central militar es usado como clínica VIP de la clase política obradorista. “Ya no hay lujos en el gobierno”, dice AMLO, pero el secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, compra regalos carísimos para sus allegados.
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López Obrador lleva todo el sexenio diciendo que el Ejército ya no viola derechos humanos. Pero los informes relatan abusos sexuales de mandos contra su tropa, la “Operación limpieza” para exonerar a los militares de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, y los vínculos de soldados, marinos y guardias nacionales con delincuentes.
El hackeo de Guacamaya ha hecho una radiografía que muestra un gobierno sucio e ineficaz. López Obrador también repite mucho que “en este país, el presidente se entera de todo”. Si es así, entonces él es cómplice de lo que sucede. Por eso es lógico que prefiera minimizar el impacto del hackeo: es puro instinto de supervivencia.

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