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El riesgo que viene – sdpnoticias

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IRREVERENTE
Les platico: conforme pasa el tiempo desde que se dieron a conocer las filtraciones de elementos internos de Sedena a los hackers de Guacamaya Leaks, la obtención de información tiende a volverse compleja debido a los mismos filtros de búsqueda que los nuevos dueños de esos terabytes imponen a los medios a los que ellos seleccionan para compartir los datos.
Primera precisión: NO fue un hackeo propiamente dicho.
Con esto que digo no quiero restarles méritos a los hackers citados, pero dentro de los cada vez más entrincados procesos de búsqueda, salen a la luz detalles espeluznantes de información que era secreta y que hoy está a plena luz del día.
Con la venia de los señores guacamayos, comparto a continuación el producto de más de cien cruces de información que tuvo que hacer mi BigData con los archivos infiltrados, para jalar la hebra de estos apetitosos temas. ¡Firmes!
El promedio de bajas de elementos del ejército era en junio de 2018, del 7%
Un año después, ya con López Obrador y el general secretario Luis Cresencio Sandoval en los controles de Sedena, las bajas casi se duplicaron: 13%
El porcentaje de elementos que gestionaron su salida voluntaria al día último de julio del 2021 llegó al 24%
Dato importante: no se trata de desertores del ejército, son elementos que negociaron su salida conservando sus privilegios de elementos en retiro.
Considerados como desertores son los más de 100 elementos que se salieron a la mala de Sedena durante el sexenio de Felipe Calderón.
Ellos formaron el grupo de los “Zetas”, que iniciaron su “carrera” como sicarios de las bandas de el Chapo y que por lo sanguinarios que eran terminaron creando su propio cartel.
Hasta los mismos narcos de otros grupos se les cuadraban, les tenían miedo.
Según los datos que obtuvo mi BigData cruzando la información de las guacamayas, al 31 de agosto de este año, el porcentaje de bajas del ejército llegó al 28% y la sangría sigue porque se estima en un 10% de variación hacia arriba los números reales, porque ese es el porcentaje de elementos que salen del ejército sin trámite alguno.
La mayoría de los elementos que causan baja son considerados como de infantería
El 10% de ellos son del rango de oficiales.
Los de más jerarquía son cabos, lo cual quiere decir que los altos mandos de alguna forma están “vacunados”, como se les llama en el argot interior de Lomas de Sotelo.
Casi el 60% de los elementos que causan baja son absorbidos por agentes que los reclutan para reforzar las filas del personal encargado de la seguridad de empresas y organismos privados.
El 85% de quienes salen del ejército son hombres y el resto mujeres pero en estas se concentra el más alto nivel de oficiales.
Los mismos guacamayos son cautos en emitir ningún tipo de juicio en el material que comparten con los medios.
Pero los “cruces dirigidos” de mi BigData revelan que minino un 15% de las bajas están sirviendo en estos momentos a los carteles de la droga, principalmente en lo que concierne a tareas de diversificación delictuosa en la zona del Istmo de Tehuantepec y muy concretamente en las inmediaciones del Tren Maya.
Esta, una de las tres obras emblemáticas del gobierno de la 4T, ha detonado un creciente negocio del tráfico de fentanilo proveniente del Pacifico (China) hacia el Atlántico, vía Golfo de México.
A la llamada ruta de Badiraguato que mueve droga de Sinaloa hacia Estados Unidos, se suma desde hace dos años la de la ahora llamada “senda transístmica”.
Aunque hasta hoy es una mínima parte la de los ex militares al servicio de la delincuencia, si las deserciones siguen aumentará proporcionalmente el número de ex elementos del ejército en las bandas de los crimínales.
He hablado con decenas de elementos considerados de la infantería.
Es fácil hacerlo. Hasta hacerles plática y ganarse su confianza en cualquiera de los retenes en las carreteras nacionales.
Obvio, me piden no mencionar sus nombres, pero son un reflejo del encabronamiento que sienten porque los tienen atados de manos.
Los altos mandos no los dejan tomar “iniciativas de acción” contra acciones criminarles, tal como se dice en el argot de los “verdes” a la orden de consultar con sus “superiores del cuartel” antes de cualquier intervención contra los “malos”.
Y por el otro lado, los más altos mandos del ejército traen séquitos de choferes, ayudantes, mandaderos y otros oficios que denigran la honorabilidad tradicional del soldado mexicano.
Nada bueno puede esperarse ante estos hechos.
CAJÓN DE SASTRE
“En su verde madre”, exclama la irreverente de mi Gaby.

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