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La inflación se desacelera en octubre al 7,3% y encadena tres meses a la baja – EL PAÍS

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La inflación no volverá a la normalidad de un mes para otro. Los expertos hablan de un largo camino, no exento de riesgos, hasta el regreso de la estabilidad de los precios, una meta que los bancos centrales colocan en avances interanuales próximos al 2%. Pero aunque ese umbral se antoja todavía lejano, los indicios de que las subidas han podido tocar techo son cada vez mayores: en octubre la inflación se situó en el 7,3% interanual, 1,6 puntos menos que en septiembre, según el dato preliminar publicado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, ha recordado que la cifra implica una fuerte moderación desde los récords alcanzados este verano. “Supone una reducción de un tercio respecto al nivel máximo que se alcanzó en julio, y nos permite prever que seguirá esta senda descendente en los próximos meses”.
Es el tercer mes consecutivo que la tasa se reduce, algo que no sucedía desde 2020. Y su nivel más bajo desde enero, antes de la guerra en Ucrania, gracias a uno de los mayores descensos de la serie histórica en un octubre especialmente positivo: es el aumento más moderado de la tasa mensual (0,4%) en ese mes desde 2013.
Detrás de la desaceleración está sobre todo la energía. El precio del gas natural ha caído con fuerza gracias a las temperaturas excepcionalmente cálidas, las elevadas reservas y la llegada de barcos metaneros, que se agolpan frente a muchos puertos europeos ante el lleno total de los depósitos de cara al invierno. Eso ha redundado en descensos de la factura eléctrica, a los que han contribuido también el resurgir de la energía eólica. No es el único factor. Además, el INE explica que el aumento de precios por la entrada de la nueva temporada de vestido y calzado ha sido más moderado que en 2021.
Un fenómeno estadístico favorable, el denominado efecto base, ha ayudado también a empujar a la baja la inflación de octubre debido a que en el mismo mes de 2021 se produjo el mayor avance de los precios el año pasado, con lo que al hacer la comparación con octubre de 2022 resulta más difícil que se produzcan encarecimientos adicionales.
La noticia supone un respiro para los consumidores. Con los bruscos vaivenes de los mercados de materias primas han visto desvanecerse la relativa previsibilidad con que se movían los precios al hacer la compra, llenar el depósito del coche o poner una lavadora. Sin embargo, el tira y afloja entre fuerzas inflacionistas y desinflacionistas continúa.
Entre las razones para el optimismo, las subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales —este jueves el BCE aupó la tasa otros 75 puntos básicos, hasta el 2%— están tratando de enfriar la demanda. Aun cuando ese movimiento suponga un daño autoinfligido al crecimiento, y sus efectos tarden meses en notarse, su objetivo no es otro que frenar el avance de los precios.
La situación de incertidumbre en China por la crisis inmobiliaria y un crecimiento menos vigoroso también ayuda, porque enfría las compras de uno de los mayores consumidores mundiales de recursos. Eso tiene una variante negativa para el PIB global, pero positiva para la inflación, porque si se contrae la demanda de energía, metales o alimentos desde Pekín, también lo hacen los precios en los mercados internacionales. A ello se suma que la dinámica de las cadenas de suministro está mejorando, lo cual ha rebajado con fuerza lo que las empresas pagan por los contenedores que transportan mercancías de un lado a otro del mundo.
Hasta aquí las buenas noticias. La inflación subyacente —que excluye la energía y los alimentos frescos— se mantuvo intacta en octubre en el 6,2%, una señal sobre la persistencia de los altos precios. Para Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, el año que viene podremos ver la paradoja de que la subyacente supere a la general, por lo que en muchos productos no se percibiría tanto la moderación de precios, que llegaría principalmente por la energía. “La subyacente contiene el 80-82% de los bienes y servicios, y para bajar necesita mucho tiempo e inercia”, explica Cardoso. A eso añade el factor salarial. “La mayor parte de convenios colectivos se firman a final de año o comienzos del siguiente, y en la medida en que veamos que esos salarios crecen, el coste salarial también se va trasladar a los precios”, augura.
Hay más riesgos. Pese a que la tendencia da síntomas de mejora a nivel nacional —la inflación española está por debajo de la media de la UE, y fue la que más se redujo en septiembre—, no ocurre lo mismo con el conjunto de la zona euro, donde aún marca máximos mes a mes. España no es inmune a ese empeoramiento de sus vecinos: si sus precios siguen al alza, importa inflación de ellos cuando compra sus productos y servicios. El cambio euro-dólar, cercano a la paridad por la fortaleza del billete verde, encarece las importaciones de energía de los diecinueve países de la moneda única, entre ellos España. Y el recorte de la producción de petróleo decidido por la OPEP y Rusia mantiene la tensión sobre el precio del barril de crudo, superior al de septiembre de media, aunque lejos de sus máximos anuales.
Aunque no es sencillo hacer predicciones, Matilde Mas, profesora emérita de la Universitat de València, ve probable que la inflación continúe su desescalada. “Venimos de un año lleno de sorpresas no anticipadas. Los cisnes negros abundan, pero si no aparecen más, la tendencia es claramente hacia la desaceleración”, sostiene. La economista cree que los mercados ya descuentan el aislamiento de Rusia y las vacas flacas en China, y teme que el Banco Central Europeo sea demasiado agresivo siguiendo la estela de la Reserva Federal estadounidense. “En el caso de EE UU la política monetaria está clara porque lo suyo es un shock de demanda clarísimo, con un exceso de liquidez más agudo, y son más drásticos. En Europa pesan más los factores de oferta, y existe el riesgo de que el BCE se pase de frenada, que es lo fácil”.
Javier Ibañez de Aldecoa, economista de Caixabank Research, admite que el dato de inflación ha sido mejor de lo que esperaban, si bien la sorpresa es relativa dada la evolución que ya se vislumbraba en los precios de la energía. “Aunque el INE no lo ha desglosado aún, lo que ha dirigido el dato de inflación es el precio de la electricidad”, sostiene. Sobre los peligros de que haya efectos de segunda ronda por las alzas de salarios, rebaja la inquietud. “Es verdad que las pensiones se van a revalorizar con la inflación, sin embargo, los salarios del sector público y privado crecerán menos, entre el 3 y 3,5%”.
Octubre ha visto la jornada con la electricidad más barata del año, el día 19, cuando el precio en el mercado mayorista se situó de media en 80,5 euros por megavatio hora. Otro hecho insólito ocurrió con la entrada del precio del gas temporalmente en terreno negativo esta semana. Su evolución, sin embargo, sigue bajo la vigilancia de hogares y autoridades europeas de cara al invierno. Y no permiten licencias como la del streamer ruso que en septiembre enfocó 24 horas al día, siete días a la semana, los fogones de su cocina permanentemente encendidos en la plataforma Twitch para regodearse ante los europeos de la abundancia de energía barata en territorio Putin.
En poco más de dos semanas, el 15 de noviembre, se conocerá la cifra definitiva de la inflación española de octubre. No es descartable una revisión: en cinco de los nueve primeros meses de 2022, el INE ha corregido después el dato inicial, tres de ellos al alza y dos a la baja. En juego está la revalorización de las pensiones, dado que se calculan con la tasa media del IPC en los 12 meses comprendidos entre diciembre de 2021 y noviembre de 2022. Por ahora, en los 11 meses que se conocen la media es del 8,6%. Si en noviembre la inflación se mantuviera en el 7,3% actual, se cumpliría el 8,5% previsto por el Gobierno.
Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.
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