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Política

Fuera de agenda | El expediente Cienfuegos II – El Sol de Hermosillo

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Juan Veledíaz

Juan Veledíaz
  / viernes 30 de diciembre de 2022
Días después que la DEA entregó al Gobierno de México un expediente de 748 fojas, que la Secretaría de la Defensa Nacional llamó “pruebas clave” contra el general Salvador Cienfuegos Zepeda, detenido en Los Ángeles en octubre del 2020 y liberado un mes después, la Sección Segunda (inteligencia militar) del Estado Mayor de la Defensa Nacional realizó un “análisis de caso” con “datos duros e información debidamente fundamentada”, junto a una revisión al perfil “profesional y personalidad” del ex secretario, con el objeto de que fuera “empleado como (se) crea pertinente”.
El análisis aparece entre los documentos obtenidos por el grupo de hackers Guacamaya, son seis hojas con cinco apartados. El primero es una tabla comparativa de textos entre los 22 usuarios identificados en los mensajes; el segundo una línea de tiempo para “aclarar información relevante”; el tercero una matriz comparativa de los datos relevantes que no coincidían; cuarto una red de vínculos para identificar a los principales actores mencionados en las conversaciones; y por último una síntesis informativa sobre “los procedimientos de actuación” del grupo conocido como “Cártel de los Beltrán Leyva”, para compararlos con los utilizados por Francisco Patrón Sánchez alias “El H2”, líder de una facción de esta banda abatido por la Marina en Nayarit en febrero del 2017, y Daniel Silva Gárate, alias “H9”, muerto también por esas fechas, y con quienes supuestamente tenía vínculos el general Cienfuegos.
En la tabla comparativa de textos resultó que de los 22 usuarios que aparecen en los chats, dos sobresalen por sus coincidencias de redacción, errores ortográficos y gramaticales, lo que hace suponer que se trata de la misma persona. A esos dos actores la DEA los identificó como “El H2” y “El H9”.
Patrón Sánchez, aparece como “Spartacus”, “Ironman” y “Thor”; Silva Gárate es “Emoji sonriente (R)”, “Desconocido”, “Samantha”, “Superman”, “Trébol, “Bandido”, y “Carita de banda”. A quien la DEA identificó como “El H9”, en sus diferentes usuarios no sólo tiene coincidencias en la ortografía y gramática con “Zepeda”, sino que es también el único que mantuvo comunicación por mensaje de texto con el supuesto ex secretario de la Defensa.
Otros datos que no coinciden son los de la apariencia física de Cienfuegos. La misma persona lo describe de diferente manera, primero como un “hombre wero”, “sr… que se pone como tomate colorado Cuando se enoja…”, y después como “medio llenito esta chaparrito blanco viejano…”. Tampoco atina al contexto familiar, refiere que tiene un hijo varón, cuando en realidad sólo tuvo hijas.
Varias conversaciones resaltan que Cienfuegos supuestamente utilizó de forma indiscriminada las palabras “elementos”, “operativos”, “bases de operaciones”. El análisis resalta que en abril del 2013, a cinco meses de iniciado el sexenio, el secretario de la Defensa ordenó que todos los militares “evitaran utilizar los referidos términos por considerarlos parte de la jerga de los miembros de la delincuencia organizada”.
Las imprecisiones presumen que Silva Gárate inventó una “relación ficticia” para engañar a Patrón Sánchez de que el general Cienfuegos lo protegería a cambio de recursos económicos para “así quedarse con el dinero”.
¿Tuvo la DEA otras pruebas del caso? Por lo entregado nada hace suponer que así fue.

Días después que la DEA entregó al Gobierno de México un expediente de 748 fojas, que la Secretaría de la Defensa Nacional llamó “pruebas clave” contra el general Salvador Cienfuegos Zepeda, detenido en Los Ángeles en octubre del 2020 y liberado un mes después, la Sección Segunda (inteligencia militar) del Estado Mayor de la Defensa Nacional realizó un “análisis de caso” con “datos duros e información debidamente fundamentada”, junto a una revisión al perfil “profesional y personalidad” del ex secretario, con el objeto de que fuera “empleado como (se) crea pertinente”.
El análisis aparece entre los documentos obtenidos por el grupo de hackers Guacamaya, son seis hojas con cinco apartados. El primero es una tabla comparativa de textos entre los 22 usuarios identificados en los mensajes; el segundo una línea de tiempo para “aclarar información relevante”; el tercero una matriz comparativa de los datos relevantes que no coincidían; cuarto una red de vínculos para identificar a los principales actores mencionados en las conversaciones; y por último una síntesis informativa sobre “los procedimientos de actuación” del grupo conocido como “Cártel de los Beltrán Leyva”, para compararlos con los utilizados por Francisco Patrón Sánchez alias “El H2”, líder de una facción de esta banda abatido por la Marina en Nayarit en febrero del 2017, y Daniel Silva Gárate, alias “H9”, muerto también por esas fechas, y con quienes supuestamente tenía vínculos el general Cienfuegos.
En la tabla comparativa de textos resultó que de los 22 usuarios que aparecen en los chats, dos sobresalen por sus coincidencias de redacción, errores ortográficos y gramaticales, lo que hace suponer que se trata de la misma persona. A esos dos actores la DEA los identificó como “El H2” y “El H9”.
Patrón Sánchez, aparece como “Spartacus”, “Ironman” y “Thor”; Silva Gárate es “Emoji sonriente (R)”, “Desconocido”, “Samantha”, “Superman”, “Trébol, “Bandido”, y “Carita de banda”. A quien la DEA identificó como “El H9”, en sus diferentes usuarios no sólo tiene coincidencias en la ortografía y gramática con “Zepeda”, sino que es también el único que mantuvo comunicación por mensaje de texto con el supuesto ex secretario de la Defensa.
Otros datos que no coinciden son los de la apariencia física de Cienfuegos. La misma persona lo describe de diferente manera, primero como un “hombre wero”, “sr… que se pone como tomate colorado Cuando se enoja…”, y después como “medio llenito esta chaparrito blanco viejano…”. Tampoco atina al contexto familiar, refiere que tiene un hijo varón, cuando en realidad sólo tuvo hijas.
Varias conversaciones resaltan que Cienfuegos supuestamente utilizó de forma indiscriminada las palabras “elementos”, “operativos”, “bases de operaciones”. El análisis resalta que en abril del 2013, a cinco meses de iniciado el sexenio, el secretario de la Defensa ordenó que todos los militares “evitaran utilizar los referidos términos por considerarlos parte de la jerga de los miembros de la delincuencia organizada”.
Las imprecisiones presumen que Silva Gárate inventó una “relación ficticia” para engañar a Patrón Sánchez de que el general Cienfuegos lo protegería a cambio de recursos económicos para “así quedarse con el dinero”.
¿Tuvo la DEA otras pruebas del caso? Por lo entregado nada hace suponer que así fue.

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