Connect with us

Columnistas

La emboscada de Coatepec Harinas

Ultima Palabra

Published

on

Las patrullas quedaron perforadas por la metralla, y con los cristales rotos. Se trató de una carnicería. Los 13 agentes emboscados el jueves pasado en Coatepec Harinas, Estado de México, quedaron tendidos unos al lado de otros. Algunos de ellos ni siquiera alcanzaron a bajar de las unidades: quedaron doblados en los asientos, entre el reguero de su sangre.

Les habían tirado estrellas de metal en un tramo del camino viejo a Zacualpan, a fin de obligarlos a detenerse. El ataque vino desde un costado, mientras los agentes, ocho de la Secretaría de Seguridad del Edomex y cinco de la fiscalía, realizaban labores de patrullaje en esa zona dominada por la Familia Michoacana.

Alguien avisó a los sicarios que el convoy se dirigía a aquel punto. Así que los estaban esperando. No se sabe aún cuántos hombres participaron en el ataque.

Aquel sería el peor ataque contra elementos policiacos desde la masacre de Aguilillas, Michoacán, ocurrida en octubre de 2019, en la que otros 14 policías fueron acribillados.

Coatepec de Harinas es uno de los municipios mexiquenses que controla Silverio Martínez Hernández, alias el Comandante Fierros, operador regional de los actuales jefes de La Familia: Johnny Hurtado Olascoaga, el Pez, y su hermano José Alfredo, conocido como el Fresa.

Reportes de inteligencia elaborados a partir del seguimiento a una decena de colaboradores del Comandante Fierros, indican que el sur del estado es también la zona de operación de Artemio Martínez Castrejón, la Mala, y de Gerardo Pérez Flores, la Loba, jefes de célula de la Familia.

Artemio Martínez Castrejón, la Mala, encabeza una célula que tiene, entre otras funciones, la del robo de camionetas y vehículos todoterreno en el sur del estado. Las unidades son enviadas a Arcelia, Guerrero, zona de operación y residencia del Pez y su hermano el Fresa, quienes las emplean para mover a sus sicarios y realizar ataques y secuestros.

El grupo que domina la zona donde ocurrió el ataque del jueves secuestra ladrones, drogadictos y “personas con problemas de comportamiento” para llevarlos a zonas serranas de Sultepec y Zacualpan. Los reportes consultados indican que estas personas son convertidas en halcones y más tarde son “asignadas” como sicarios a alguno de los jefes operativos

Uno de esos jefes es Gilberto Misael Ortiz Trujillo, el Barbas, encargado de ejecuciones y de la extorsión a jitomateros

El pasado 11 de septiembre, elementos estatales recorrían la autopista a Ixtapan. Les avisaron que circulaba en la zona una camioneta con gente armada. La persecución culminó en un domicilio, “a pie de carretera”, en donde siete miembros de la Familia Michoacana se pertrecharon. El tiroteo dejó tres uniformados muertos.

Los integrantes de la Familia detenidos aquella tarde formaban parte de la célula operativa de Gerardo Pérez Flores, la Loba, quien disminuyó sus actividades desde entonces.

Desde septiembre, un reporte de inteligencia indicaba que Gilberto Misael Ortiz, el Barbas buscaba una casa, “con salida a veredas”, en Coatepec Harinas. Él y el Comandante Fierros” planeaban atentar contra la agencia del ministerio público de Tonatico.

En la región sur del Edomex, las autoridades han detectado 55 bases de halconeo al servicio de la Mala, el Barbas, la Loba y el Comandante Fierros.

Nada ocurre ahí sin que estos jefes criminales lo sepan. En la red de protección que los envuelve figuran mandos, agentes estatales y municipales, así como policías ministeriales.

Sabían que los elementos de la SS y la fiscalía irían a Zacualpan el jueves pasado. Tiraron sobre el pavimento las estrellas de metal, se posicionaron a un lado del camino… y solamente esperaron. Unos minutos más tarde, la masacre se había consumado.

Por Héctor de Mauleón
https://twitter.com/hdemauleon

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Columnistas

Quién es Félix Salgado Macedonio

Ultima Palabra

Published

on

Un gran interés suscitó la discusión en el Instituto Nacional Electoral sobre la factibilidad de la candidatura de Félix Salgado Macedonio. El tema fue por gastos de precampaña no registrados, pero también podría haberse cuestionado su candidatura al gobierno de Guerrero con base en el acuerdo del 28 de octubre, donde se establecen los lineamientos para que los partidos políticos prevengan, atiendan, sancionen, reparen y erradiquen la violencia política contra las mujeres. De haberse aplicado el último capítulo de ese acuerdo, el llamado 3 de 3 contra la violencia, no estaríamos en esta discusión.

Cinco denuncias en su contra, por cinco mujeres que lo acusaron de abuso sexual y violación, no fueron suficientes para que la carrera política de Salgado Macedonio llegara a su fin. El INE tuvo miedo a utilizar ese recurso a su alcance, que hubiera tirado ipso facto la candidatura, y escondió en la opción de uno más complejo y jurídicamente debatible, el fondo ético y político que representa el guerrerense. Morena, el partido en el poder que lo postuló, lo defendió hasta la ignominia, sometiendo a las mujeres militantes que habían expresado su molestia por la candidatura. Y el presidente Andrés Manuel López Obrador, en su defensa permanente de un candidato impresentable, hoy y antes, lo blindó y arredró a sus críticas y críticos.

Salgado Macedonio es un producto terminado de un sistema político deleznable y hediondo, que no ha sido erradicado y que está alcanzando niveles no vistos antes, impregnados de cinismo y burla a la sociedad. Hoy se han socializado sus abusos contra mujeres, pero no es un personaje del cual no se conocieran sus antecedentes y sus excesos. López Obrador, Morena, y según las encuestas publicadas, piensan que el candidato puede ser exonerado de sus culpas políticas y morales porque va a ganar la elección en Guerrero, si no hay un nuevo obstáculo que impida consumar la voluntad presidencial. Los votos, nos queda claro, están por encima de los vetos.

La historia, como lo sabe el Presidente, sirve para recordar, aunque si se trata de Salgado Macedonio, prefiere olvidar. Vale la pena hoy, en este contexto, recordar un texto que se publicó en este espacio el 5 de febrero de 2007, cuando era edil de Acapulco, ‘El alcalde costales’, como registro ante el error colectivo que se está construyendo con la unción de este candidato. La columna señalaba:

“Félix Salgado Macedonio se encuentra bajo el fuego de dos cárteles de la droga que piensan que los traicionó… Es alcalde de Acapulco, controvertido no sólo por sus acciones, sino por las sombras que sobre él ha tendido el crimen organizado. (En 2006) promedió 20 amenazas de muerte por día, algunas públicas, como llamadas telefónicas a programas de radio en los que lo entrevistaban, o a su casa y oficinas…”.

“Su caso es un microcosmos de lo que está sucediendo en el país, donde los jefes del narcotráfico se han (ido) apoderando de decenas de municipios donde negocian con los alcaldes que les entreguen el control de las policías. Para los narcotraficantes, esa opción es más barata y segura para sus fines de seguridad en las rutas de distribución de drogas y protección… ¿Qué tanto se metió el alcalde de Acapulco con los cárteles de la droga?…”.

“No hay acusaciones contra él a nivel federal, ni averiguación previa en marcha. Sí se tienen indicios en el gobierno federal de que hubo dinero del narco en la campaña de Salgado Macedonio, pero no de uno, sino de los dos cárteles que se disputan la plaza de Acapulco, el de Sinaloa y el del Golfo, que encabezan los hermanos Beltrán Leyva y su socio Joaquín El Chapo Guzmán, y el recientemente extraditado a Estados Unidos, Osiel Cárdenas”.

El problema en Acapulco se socializó de manera sonora en enero de 2005, cuando en la zona conocida como La Garita, cuatro narcotraficantes vinculados al Cártel de Sinaloa, incluido un lugarteniente del Chapo Guzmán, fueron ejecutados por policías de la Secretaría de Protección y Vialidad de Salgado Macedonio, al mando directo de su titular Genaro García Jaimes, quien tras ser descubierto en los videos que mostraban el ataque, renunció “por motivos de salud”. El policía que le dio el tiro de gracia al brazo derecho de Guzmán no vivió mucho para contarlo, y su cabeza apareció colgada de la reja de un inmueble del gobierno local.

Las ejecuciones se incrementaron, hasta que, tras el envío de fuerzas federales a Acapulco, comenzaron a bajar los asesinatos. Pero los problemas no cesaron para Salgado Macedonio, que se movía con una escolta de 14 personas, y había bajado 20 kilos de peso por el miedo. “No se puede meter uno con los cárteles de la droga sin esperar consecuencias”, dijo en aquel tiempo un funcionario federal refiriéndose a Salgado Macedonio sin señalarlo abiertamente. “No se puede pretender ser el rey de la mafia”, agregó otro.

El apoyo federal probablemente le salvó la vida e indirectamente le prolongó su carrera política. Desde entonces aspiraba a ser gobernador de Guerrero y trabajó por ello. No murió asesinado por los cárteles de la droga, como pensaban en el gobierno que sería su destino, porque en 2007 empezó la descomposición del Cártel de Sinaloa y el realineamiento de las organizaciones criminales. Salgado Macedonio siguió trabajando en el estado, donde le perdonaron todo y encontró en López Obrador, que revisó las encuestas para ver quién ganaba por más votos Guerrero, el principal apoyo frente a las turbulencias que enfrentó, para alcanzar la gubernatura.

No podía haber encontrado un mejor padrino. Antes la coyuntura probablemente le salvó la vida. Hoy, el Presidente lo rescató del hundimiento de su vida pública. Personaje de principio a fin, fue protegido por el gobierno de Felipe Calderón en 2007, y protegido por López Obrador en 2021, aunque por razones totalmente distintas. Aquello fue un asunto de Estado; hoy es una burla al Estado mexicano.

Por: Raymundo Riva Palacio

Continue Reading

Carlos Loret de Mola

UN ACUERDO QUE NO AGUANTA DOS MAÑANERAS

Ultima Palabra

Published

on

Ayer se firmó en Palacio Nacional un Acuerdo que nació muerto. El presidente y todos los gobernadores firmaron un breve texto en el que se comprometen a no interferir en el proceso electoral y vigilar que los recursos públicos no se utilicen para los partidos y candidatos que compiten en los comicios del primer domingo de junio. Se llamó Acuerdo Nacional por la Democracia.

México es un país en el que siempre se han tenido que hacer acuerdos políticos con bombo y platillo… para cumplir la ley. Eso de no interferir en las elecciones y no usar recursos públicos a favor de un partido es sencillamente lo que ordena la Constitución.

Ese Acuerdo no va a aguantar dos ‘mañaneras’ sin ser violado. Primero, por el presidente de México, que no se puede contener. Él vive en modo campaña. El motor de su popularidad, el impulso de su movimiento, no se centra en las estrategias de gobierno, mucho menos en los resultados: se basa constantemente en surtir al público de frases y emociones de campaña política: los adversarios, los enemigos, los rivales, los otros. Si se prohibiera la agresión a otros partidos y gobiernos, las conferencias matutinas terminarían en quince minutos.

¿Cómo firmar un acuerdo de no entrometerse en la elección cuando está echada una estructura de Morena para intentar vacunar a millones de mexicanos? ¿Cómo, si se publican más y más videos de los funcionarios públicos de López Obrador ejecutando la vacunación como herramienta de promoción electoral?

Pero no es sólo el presidente. El Acuerdo nace muerto porque los gobernadores tampoco lo van a respetar. Todos se meten en las elecciones. La mitad porque quieren dejar sucesor, cubrirse así las espaldas. La otra mitad, porque les interesa tener mayoría en sus Congresos, donde se aprueban los presupuestos y se revisan las cuentas públicas. Son varios gobernadores que ven la elección de 2021 como un ‘matar o morir’: saben que si no ganan, su destino muy probablemente será la prisión. ¿No van a interferir?

En síntesis, lo que ayer presenciamos en Palacio Nacional fue una danza hipócrita entre políticos de distintos rangos y distintos partidos que decidieron firmar un compromiso al que no se comprometen, un Acuerdo en el que no están de acuerdo, una promesa que nació muerta. Una danza hipócrita, eso fue.

SACIAMORBOS

Es carísima la renovación de las licencias de uso de algunas de las herramientas tecnológicas de inteligencia más sofisticadas con las que contaba México para interceptar comunicaciones e idealmente, perseguir delincuentes. En un mundo en que los gobiernos confían cada vez más en la tecnología como ventaja sobre las organizaciones criminales, corre la versión de que la administración López Obrador no renovó las millonarias licencias. Al cabo que para dar abrazos no hacen falta.

Continue Reading

Trending

Copyright © 2022 ULTIMA PALABRA